Storytelling musical

El relato de Muse en Drones, un ejemplo de storytelling musical

Un disco redondo es aquel donde cada canción tiene sentido por sí misma pero, en conjunción con el resto de temas, compone una historia completa. Un ejemplo de storytelling musical que he analizado recientemente es el de Drones, de Muse, ganador del Grammy al Mejor Disco de Rock de 2015.

La banda liderada por Matt Bellamy nos presenta un futuro distópico en el que los drones tienen un importante peso. La historia que nos relata consta de tres actos, marcados por el detonante y los dos puntos de giro habituales de todo relato. El objetivo del protagonista en el primer acto es ser amado, pero cuando lo abandonan, queda muerto por dentro y se transforma en una máquina de matar (detonante). Sin embargo, pronto se da cuenta de que no quiere ser un dron humano que sólo obedezca órdenes y se rebela, pide misericordia (primer punto de giro). En el segundo acto, es un desertor buscado por el gobierno. El tirano que ordena y manda en este mundo distópico se convierte en el principal antagonista contra el que debe luchar hasta que se declara la guerra entre drones y humanos (segundo punto de giro). Nuestro protagonista encuentra el amor, recupera su objetivo inicial, y eso le da fuerzas para combatir a los drones, pero… ¿Cómo queda el mundo tras la guerra?

Así es el relato de Muse en Drones a través de 12 canciones

Dead Inside


La historia de Drones comienza con un protagonista que se encuentra muerto por dentro. El motivo para que se sienta así es que se encuentra profundamente enamorado de otra persona. Sin embargo, cuanto más se entrega, mayor es la frialdad recibe. A pesar de sus súplicas, la persona a la que ama está muerta por dentro y no le proporciona el amor y el calor que necesita. Como consecuencia, nuestro protagonista comienza a sentirse vacío, con el corazón roto, muerto por dentro. Éste es el detonante del relato que nos ofrece Muse.

[Drill Sergeant] + Psycho

El sargento de instrucción que sirve como preludio a Psycho ya nos pone en preaviso de la situación en la que se encuentra nuestro protagonista. Tras el aniquilamiento de su personalidad, lo someten a un duro entrenamiento militar en el que debe cumplir fielmente todas las órdenes de sus superiores si no quiere ser castigado. Si aún quedaba algo de vida en su interior después de que le rompiesen el corazón, ahora pertenece a otros que controlan sus movimientos.

Roto por dentro, sin nada que le importe, nuestro protagonista es el individuo perfecto para seguir órdenes sin cuestionarlas, convirtiéndose en una máquina de matar, a fucking psychoa psycho killer. Sin embargo, a pesar de encontrarse en esta situación de completo vacío emocional y sentirse una máquina en manos de otros, sigue siendo un ser humano y es, por tanto, el último responsable de las muertes que ocasione.

Mercy

Por ese motivo, al convertirse en una máquina de matar, nuestro protagonista se da cuenta de que se ha perdido a sí mismo y pide ayuda, pide misericordia. Es consciente de que ha sido una marioneta a manos de hombres más poderosos que lo han utilizado para lograr sus propios fines. Aquí tenemos el primer punto de giro del relato de Muse en Drones, que nos introduce en el segundo acto. Nuestro protagonista quiere dejar de ser un dron humano, una máquina de matar.

Reapers

Su falta de obediencia lo han convertido en un objetivo móvil. Ya no está a salvo: cualquiera podría acabar con su vida en cualquier momento, desde cualquier punto. El gobierno de los Estados Unidos, con la CIA a su servicio, lo persigue. Sabe que no puede esconderse, que no puede huir, porque lo acabarán encontrando de cualquier modo. Cuando lo convirtieron en una máquina de matar, no era más que un arma más al servicio del ejército, un peón que ahora resulta incómodo y fácilmente reemplazable.

The Handler

Nuestro protagonista reconoce al que fue su adiestrador, aquel que lo programó para que obedeciese sus deseos. Sin embargo, el protagonista de nuestra historia quiere alejarse de él, quiere que lo dejen solo. Su opresor acabó con toda la vida que existía en su interior, terminó de aniquilar sus deseos a través de un duro entrenamiento militar y por eso ha sido capaz de matar sin experimentar ningún sentimiento. Ahora que es consciente de lo que han hecho con su alma, quiere alejarse (y ya no tiene miedo).

[JFK]

El discurso de Kennedy actúa como interludio de este relato de Muse en Drones, fue pronunciado por Kennedy antes de iniciar el ataque a la Unión Soviética en la conocida Crisis de los misiles en Cuba. Sin embargo, lo que el presidente de los Estados Unidos decía sobre la URSS era fácilmente aplicable a los propios Estados Unidos. Incluso hoy, estas palabras continúan de actualidad con guerras como las de Irak o la presencia de Occidente en Oriente Próximo.

Defector

Tras alejarse de su adiestrador, del ejército de drones humanos, el protagonista de nuestra historia se siente libre, libre como un desertor. Por fin se enfrenta a su antagonista, ese poder superior que lo sometió en primer lugar. Incluso, lo desafía al decirle que su imperio se está comenzando a disolver. John F. Kennedy finaliza su discurso: “El hombre ha nacido para ser libre e independiente, y así será.”

Revolt

Sin embargo, la libertad es temporal y escapar vuelve a parecer imposible. Tanto él como el resto de individuos en su misma situación se encuentran atrapados en manos del sistema. Los juegos psicológicos a los que son sometidos son tales, que nuestro protagonista llega a sentir que se está volviendo loco. Para él, sería más fácil fingir que nada ha ocurrido y tratar de seguir adelante con su vida. Afortunadamente, aún le quedan fuerzas para seguir luchando, para rebelarse contra los opresores de ese futuro distópico en el que le ha tocado vivir y reunir a otros que quieran sumarse a su lucha. Comienza la guerra contra los drones y éste es el segundo punto de giro del relato de Muse en Drones, el que nos introduce en el tercer acto.

Aftermath

La guerra entre drones y seres humanos resulta agotadora para nuestro protagonista, que en este punto de la historia se encuentra exhausto para seguir luchando. Debe encontrar una motivación que le impulse a seguir y ésa no es otra que el amor. Ese amor que al principio del relato creía perdido para siempre y que ahora ha vuelto a encontrar. Ya no está solo.

El protagonista de nuestra historia, además, se da cuenta de que si quiere sobrevivir a las consecuencias de la guerra, al estado de represión que imponen los gobiernos, debe ser fuerte. No hay sitio para la debilidad. Ahora que el amor ha regresado a su vida, se siente fuerte, capaz de todo. Nos acercamos al clímax.

The Globalist

El narrador nos permite conocer un poco mejor al antagonista, para saber por qué actúa cómo lo hace, por qué él también está muerto por dentro. Le recuerda que nadie lo quiso, que siendo joven lo abandonaron, y le insta a ser más fuerte que nunca, a deshacerse de sus falsas creencias y convertirse en el próximo comandante en jefe que destruya el sistema desde dentro, ocultando sus verdaderas intenciones.

Se escucha una cuenta atrás. Son los drones, están preparados para destruirlo todo. Los drones arrasan el mundo, que queda reducido a cenizas. La sociedad regresa a tiempos ancestrales. A los supervivientes tan sólo les queda el recuerdo de lo que un día fue.

En cuanto al antagonista de esta historia, aprendemos que él sólo quiso que lo amaran y el modo que tuvo de cubrir el vacío que sentía fue llenándolo de un poder extraordinario sobre el resto de las personas.

Drones

Nuestro protagonista debe enfrentarse a un nuevo mundo. Los drones acabaron con la vida de su madre, de su padre, de su hermana, de su hermano, de su hija y de su hijo. La vida de millones de personas se encuentra entre los dedos de unos pocos, que se dedican a apretar únicamente el botón de matar, sin experimentar ningún remordimiento. Nuestro protagonista se pregunta si ellos, los que manejan los drones, también se sienten muertos por dentro, cerrando así el círculo.

Lo que nos diferencia a seres humanos y animales de las máquinas es la capacidad de amar. Sin amor, estamos muertos por dentro y, por tanto, no hay diferencia entre nosotros y un robot. Es el estado idóneo de control mental y, para los gobernantes totalitaristas, constituye una situación idónea. Personas que carecen de sentimientos ejerciendo como máquinas y cumpliendo todas sus órdenes sin cuestión, pero asumiendo la responsabilidad final. El amor es lo que nos da fuerza para luchar por nuestra libertad, empezando -cómo no- por el amor propio.

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